1 de febrero de 2012

¿Por qué febrero tiene 28 días?

Que febrero tenga 28 días (29 si estamos en año bisiesto) no es algo casual. Mucha gente cree que es así porque sí, porque a alguien se le antojó y punto, pero la historia de como febrero llegó a nuestros almanaques con 28 días es más enrevesada.

9 de enero de 2012

Química Lírica (III)

"All I can do is be me, whoever that is"
- BOB DYLAN -
Y dejan de escribirse los cuentos 
que un día de niño para alguien leí,
y dejo de pensar en todos los caminos
que cogí contigo o quizá no cogí.
Cristales rotos inundan mis sueños,
cartas rotas y libros sin abrir,
miradas que se pierden en ojos obscenos
que cuenta primaveras por descubrir.
Y late el corazón más fuerte a cada beso,
y desacelera la mente mi mundo sin ti..
pero se acumulan los 'adioses' y 'hasta luegos'
en un cajón sin fondo ni 'pedigree'
donde cantan sonetos los pajaros muertos,
y atropellan las penas al porvenir,
donde se inundan las bocas de oscuros deseos,
y se pierde la vida sin tanto frenesí.

17 de noviembre de 2011

Cuaderno de Bitácora: Amsterdam


Cuando uno oye hablar de Amsterdam, intuitivamente su mente piensa en los coffee shops, el barrio rojo y la Heineken. Pero en esta ciudad no todo es fumar maría, ver a prostitutas en escaparates y beber la mundialmente conocida cerveza verde, con permiso de la danesa Carlsberg. No, hay mucho más.
Tuve la desgracia (o suerte, según se mire) de ver la ciudad únicamente por la noche (es lo que tienen los viajes de negocios). No puedo hablaros de monumentos ni de museos, porque no los vi. No puedo hablaros sobre la arquitectura de los edificios, sobre su diseño, ni sobre todas esas ‘cosas’ que tanto gustan a los adoradores de Le Corbusier, porque sencillamente no las aprecié. Pasé por la ciudad como el que lleva años viviendo allí: sin fijarme en ningún detalle, sin pararme a ver ninguna fachada, ningún monumento, ninguna maravilla (sin contar a la holandesas… ;)
Lo que si me impactó, fue la mezcla racial. Es raro encontrar a un holandés, con raices holandesas, en el metro, en la calle, en un bar… Tienes restaurantes italianos, tailandeses, chinos, japoneses, vietnamitas, argentinos, uruguayos, marroquíes, argelinos, egipcios,… ninguno puramente holandés. Y aunque parezca raro, tampoco vi ningun español. Creo que esta gente necesita una buena tortilla de patatas para ver la vida algo mejor.
La mezcla, a la vez de desconcertante (nunca sabes si hablas con un holandés, alemán, inglés,… o incluso español), da a la ciudad un aire cosmopolita que, a mi personalmente, me encanta. Esa mezcla de culturas, de idiomas, de formas de vivir y de pensar, enriquece a la ciudad y hace que esos monumentos no sean lo más importante de una visita. Tanta mezcla trae consigo otra ventaja técnica: todo el mundo habla inglés. Algo vital que, si no has vivido en un pais con un idioma demoniaco en donde más del 70% de la gente no habla inglés, no sabrás apreciar. Te saludan en holandés, continuan hablandote en inglés y, en numerosas ocasiones, se despiden de ti con un tímido y acentuado ‘hasta luego’ (con una ‘h’ aspirada realmente tierna).
Pero si algo tiene de maravilloso esta ciudad, es la vida. En Amsterdam, la vida, se mueve a ritmo de pedaladas. ¿Creen que es raro ver a un ejecutivo con traje y corbata dirigirse a su oficina en bicicleta? No han estado en Amsterdadm. ¿Creen que es imposible llevar a tres niños pequeños en una bicicleta al colegio? No han estado en Amsterdam. El coche es el segundo vehículo de esta ciudad. Vivir en Amsterdam y no tener bici debe ser considerado un sacrilegio, te hace ser el chico raro y que todos te miren. No se me escandalicen si les digo que, probablemente, en todo Amsterdam haya más bicicletas que en toda España... sería cuestión de hacer números.
Pero esa adoración por la bici llega incluso más lejos: Viernes noche. Plaza de Rembrandt (lugar con numerables pub's y gran ambiente de fiesta). Ni una farola, árbol, poste o cualquier cosa donde pueda recostar tu bicicleta libre. Me desconcertó ver a chicas arregladas, con mini-falda (con sus leggings correspondientes), zapatos de tacón y pedaleando hacia el pub donde donde probablemente había quedado con sus amigas. 
En fin, Amsterdam, una ciudad de contrastes que se mueve al ritmo que des a los pedales y que ninguno debería dejar de visitar... yo si es posible, volveré.

9 de noviembre de 2011

Günter Schbawoski y la metedura de pata que derribó 'El Muro'


"All in all you're just another brick in the wall" PINK FLOYD

Estamos en el verano de 1989. La situación en la RDA es asfixiante y gracias a la reducción de control fronterizo en varios países del pacto Praga – Varsovia, muchos alemanes orientales emigran a países como Hungría o Checoslovaquia donde pasar la frontera hasta occidente es más sencillo. Alemania Oriental se desangra, y sólo en septiembre 13.000 alemanes orientales emigran a Hungría y Checoslovaquia para, posteriormente, pasar a Occidente y pedir asilo en la RFA.

1 de noviembre de 2011

Era ella...

Él sólo la vio durante un segundo. Una mínima fracción de tiempo, fulminante y  vertiginosa, inspirada quizá en cierta casualidad y aderezada con algo de suerte, en la que sus ojos se posaron en su rostro. Pasó por delante de sus narices, cobijada por aquel paraguas de rayas y la capucha de aquel raído trescuartos de lana que su madre le regaló el día que cumplió sus veintidós primaveras. La lluvía caía débilmente sobre la ciudad y él ni siquiera había traido paraguas. La lluvia le estaba empezando a empapar el pelo, los bajos de sus pantalones estaban empapados de agua y empezaba a notar cierta humedad en su espalda.
La vió durante una centésima de segundo, durante lo que dura en extinguirse un relámpago. Pero estaba seguro de que era ella. Esa mínima sonrisa que dibujaba entre los pliegues de su bufanda. Ese pelo lacio, que parecía escapar entre la capucha de lana. Esos ojos negros como la noche más profunda y romántica. Y sobre todo, ese aroma, ese dulce aroma de mujer que siempre desprendía y del que siempre se embriagaba… si, era ella, no tenía ninguna duda.
¿Cuánto llevaba sin verla? ¿Un año? ¿Dos? La había casi borrado de su mente, y aun así ella había vuelto, como la rutinaria marea… como el invierno. La ciudad los había tragado como el desierto traga dos minúsculos granos de arena. Ahora tenía el instinto de llamarla, de quedar con ella a tomar café, de oir su voz… Ahogo sus deseos en la lluvía que fuertemente caía y empezaba a crear grandes charcos en la avenida.
Se acomodó su mochila en el hombro y, como si nada hubiera pasado, continuó su marcha calle abajo, deprimido e indefenso ante la intensa lluvia que no paraba de caer. 

27 de octubre de 2011

Volver...

"... con la frente marchita, cantaba Gardel."

Nunca es fácil, y más si nada es nuevo. Hay que adaptarse a la 'nueva rutina'. Al quehacer diario. Al hecho de que madrugar se convierta en símbolo de tu día a día... y no es fácil. No es malo, ni bueno... simplemente, no es fácil.
Hace tiempo leí por ahí, que la motivación es lo que nos hace empezar. La rutina, lo que nos hace continuar. El aburrimiento, lo que nos mata. Es fácil soltar los frenos y dejarte llevar cuando la pendiente es cuesta abajo (y esperemos que siga siendo cuesta abajo durante mucho tiempo), y coger la máxima velocidad, por si algún día hay que usarla para escalar algún puerto. Pero no estoy acostumbrado a pendientes largas y tan altos desniveles. Otra cosa a la que habrá que acostumbrarse.
Aun así, todo sigue igual. Esperemos que con algo más de tiempo y algo más de inspiración.

31 de mayo de 2011

Y llovía...

Había sido tres años difíciles, pero él creía que el solo hecho de volver a verla recompensaría aquella espera. Era mediodía y el aeropuerto hervía de gente andando hacía arriba y abajo. Se preguntaba cuantas coincidencias habría entre toda esa gente. Quizá haya personas que sin saberlo, se cruzan en un aeropuerto, y años después acaban vestidos de novios en medio de un ritual que daba más miedo que otra cosa. Se sentía absorto, igual que de pequeño cuando se pasaba horas viendo el bullicio de un hormiguero… aunque esta vez no pensaba mearse encima del aeropuerto.

17 de mayo de 2011

No tienes la menor idea...

"Eres un chico y en realidad no tienes la menor idea de lo que hablas.
Nunca estuviste fuera de Boston.
Si te pregunto sobre arte seguramente me darás detalles de todos los libros de arte jamás escritos. Miguel Ángel. Lo sabes todo: vida y obra, aspiraciones políticas, su amistad con el Papa, su orientación sexual… lo que haga falta. Pero tu no puedes decirme como huele la Capilla Sixtina. Nunca has estado allí ni has contemplado ese hermoso techo. No lo has visto.
Si te pregunto por las mujeres, supongo que me harás una lista de tus favoritas. Puede que hallas conseguido acostarte un par de veces. Pero no puedes decirme que se siente cuando te despiertas junto a una mujer y te invade la felicidad.

4 de mayo de 2011

Química Lírica (II)

 
El sol se oscureció
tras los tiernos cristales
de su lánguida ventana,
y la luna le cubrió
de pesadillas fantasmales
las recónditas esquinas del alma.
Abrió los ojos y se encontró
desnudo y solo, roto y engañado,
frío ante una cama vacía
de piedades inmortales
y pecados banales;
con el corazón dividido,
la mente quizá equivocada,
la mirada perdida en el vacío
y la soledad asomando a su ventana...
El sol se oscureció
y sólo le quedó
esperar la madrugada.

13 de marzo de 2011

Una de barómetros...

Sir Ernest Rutherford
Sir Ernest Rutherford, presidente de la Sociedad Real Británica y Premio Nobel de Química en 1908, contaba la siguiente anécdota: 

"Hace algún tiempo, recibí la llamada de un colega. Estaba a punto de poner un cero a un estudiante por la respuesta que había dado en un problema de física, pese a que este afirmaba con rotundidad que su respuesta era absolutamente acertada. Profesores y estudiantes acordaron pedir arbitraje de alguien imparcial y fui elegido yo. Leí la pregunta del examen: 'Demuestre como es posible determinar la altura de un edificio con la ayuda de un barómetro'.